Archivos diarios: 26 julio, 2010

“GET INTO SYDNEY”


Bueno, tras pasar por 5 aeropuertos y tener 3 monedas distintas en la cartera por fin estábamos en Sydney.

Al bajar del avión nuestro vuelo coincidió con otro proveniente de Asia, y os podéis imaginar el río de chinos, japoneses, thailandeses, etc que iba por aquellos pasillos, era un aviso de cómo sería la ciudad…

Paramos en el servicio en parte para dejar que toda aquella “marabunta” se dispersase un poco, y fue una buena idea porque pudimos disfrutar más de la decoración del aeropuerto, donde hicimos un par de fotos y nos fuimos tan contentos. Ya una vez en el control de pasaportes la señora que me atendió ya te recibe con un “Hello mate!”, quizás en parte porque era el primer occidental que veía esa mañana, pero es increíble ¡el conocido buen rollo de los australianos empieza desde aquí!

Pasamos los controles sin ningún problema, casi como si nos dejaran las puertas abiertas, a pesar de haber marcado que llevábamos medicinas (paracetamol) y objetos de madera (alguna pulserita o collar) sólo nos preguntaron qué es lo que era pero ni siquiera nos hicieron enseñarlo. Una vez fuera, el tiempo era soleado e hicimos una primera llamada de teléfono a la chica encargada de darnos las llaves del estudio donde estaremos los primeros 9 días, me dio la dirección (menos mal que en la cabina había de ¿casualidad? Una libretita con un boli) y fuimos a por un taxi, al cual nos indicó el camino un currante de por allí con un sombrero al estilo Cocodrilo Dundee. El taxista era un señor mayor indio que no hablaba del todo bien inglés y que no se sabía la dirección, menos mal que alguien en su día inventó los GPS, pero era muy simpático, eso sí.

El taxi costó unos 40 dólares, desde el aeropuerto hasta el barrio de Glebe, algo carillo, pero después de tantas horas en avión y con tanto equipaje pensamos que era mejor que pillar un bus.

Llegamos a la cafetería donde habíamos quedado, nos dieron las llaves y nos fuimos directos al piso, para darnos una ducha caliente y dar un paseo por la zona para ver si encontrábamos algún sitio donde hacer una pequeña compra.

Ya estábamos en tierra firme!

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EL VIAJE II


El vuelo a Shanghai fue bastante bien y muy tranquilo, aunque 12 horas son demasiadas horas para estar tranquilos, sobre todo porque nos pusieron 4 películas cada cual peor que la anterior (Bed time stories, una de Bollywood, una china de hace 10 años mínimo y Duplicity, esta última todavía se libra si no fuera porque ya la habíamos visto), de todas formas no se hace extremadamente pesado.

Ya en el aeropuerto de Shangai estuvimos más relajados y con internet gratis, que en Alemania había que pagar y no está el horno para bollos. Había algo que también me llamó mucho la atención aquí (que novedad en mí…) y es que los agentes de aduana tienen una maquinita al lado del mostrador con 4 botones asociados cada uno a 4 expresiones de satisfacción en caritas sonrientes o tristes y que servía para votar a la persona que te había atendido, curioso el “invento”, una vez hechas las votaciones nos dirigimos a comer.

Tengo que decir, para quien le interese, que había preguntado con anterioridad  al consulado chino en España si podía salir a ver la ciudad y esto es lo que me dijeron:

“Desde el 1 de enero 2000, los ciudadanos españoles en tránsito a un tercer país pueden permanecer durante 48 horas en SHANGHAI (República Popular de China) SIN NECESIDAD DE VISADO, siempre que vayan provistos del correspondiente pasaporte, visado para entrar en el tercer país (si fuera necesario) y billete de avión en regla.”


En el aeropuerto conocimos a una pareja joven de franceses que también iban a Sydney, y comentamos algunas de las “maravillas” de los chinos, como que en el aeropuerto el 80% de los trabajadores no habla inglés o si habla lo hace fatal, y mira que es raro porque coincide que es la Expo de Shanghai y por eso pensábamos que habría más gente preparada para tal acto, pero nos equivocamos.

Otra cosa divertida fue a la hora de comer el plato que nos pedimos, sí, un plato para compartir porque era todo bastante caro en el aeropuerto. Pedimos Noodles con algas y ternera….la verdad es que estaba bueno, pero tenía una pinta asquerosa la ternera, parecían tripas aquello, la carne como desgarrada…el resultado fue que nos comimos sólo los Noodles.

Cambiamos 25E para poder comer y comprar agua, pero si lo llegamos a saber pedimos el dinero en España..menos mal que era muy poca cantidad, porque el gobierno chino se quedó con un 25% de lo que cambiamos, con lo que al final nos dieron 150 Yuanes.

El vuelo a Sydney fue con la misma compañía que el de Frankfurt-Shanghai, pero en un avión bastante más antiguo y los televisores se veían muy mal, eso nos libró de aguantar las películas que pusieron…no nos lo creíamos, pero ¡eran peores que las del primer vuelo!, menos mal que esta vez sí que nos tocó ventana….vimos el amanecer en Australia desde el avión, menuda pasada! El viaje ya merecía la pena cuando nos anunciaron que faltaban pocos minutos para llegar a Sydney. Mientras, nos pasaron las típicas preguntas de si llevábamos algo ilegal, de madera, comida, fruta, etc. y de repente….allí estaba! La bahía de Sydney, con sus calas, llenas de barcos y cruzando de costa a costa el Harbour Bridge, la Opera House y los rascacielos de la ciudad!! Un año y pico haciendo papeles, luchando contra la burocracia española y lo que es peor..con la Universidad! ahorrando todo el dinero que podíamos y por fin estábamos ahí, definitivamente en ese momento todo lo que pasamos queda olvidado, ahora sólo nos queda disfrutar!!

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